Indiferencia

Amenazante abismo clama
Tensión que en el aire se palpa
Pura obsesión insana

Espalda contra espalda
Respiración sostenida
Ambos aguardan para la batalla

Cuales rocas resisten firmes
Negándose a cruzar miradas
¡Malditos sean los ciegos de alma!

Creen perdedor al primero que se gire,
más ya perdidos se hayan.

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Pensamientos

Apoyada en el alféizar, 
descansa su corazón herido.
Despreciando el paisaje, 
perdida en sus pensamientos se haya.
Mientras contempla la nada, 
el canto de los pájaros acompaña sus lágrimas.
Terrible angustia la consume, 
pobre de su dolorida alma. 

Incienso

Varilla a quién poco a poco el fuego va consumiendo
Cenizas que caen llegado el momento
Rompiendo en mil pedazos
Sin recordar a dónde pertenecieron

Humo que asciende en espirales incansables
Juega en su amigable baile con el viento
De múltiples formas asciende sin miedo
Pronto se disipa, aunque impregnado el momento

Yo no quiero ser esas cenizas,
Más sí dulce olor a incienso

Pesadillas

Seres que me persiguen, sombras que enredan sus tenebrosas manos en mi garganta.
Puedo oírles susurrando en mi oído; recordándome mis
debilidades, mis sueños rotos y perdidos.
Nuestras miradas se cruzan, ojos azabaches, olor a azufre.

Huyo aún a sabiendas de que nunca podré dejarlos atrás.
Maldita. Maldita yo y malditos ellos que vuelven por más que les echo.
Quieren atraparme, lo sé.
Quieren que me una a ellos.

Respira. Tranquila. Ahí vuelven.
Pesares que me abruman.
Tortura peor que la muerte.